Subimos para ver como estaban los 7 u 8 adorables cachorros de perro
que había tenido la perrita de mi vecina, cuando abrimos la puerta había
bastante silencio y nos dirigimos al despacho que es dónde los habían dejado,
cual fue nuestro asombro que se habían prácticamente comido el teléfono… bueno
tanto como comido no pero inservible un
rato, unos botones por allí, el cable por allá el auricular en la otra punta
del cuarto, pero lo que más llamaba la atención es el despliegue de piezas de
las teclas, aún pensábamos que funcionaría, cosa evidente que no.
Mientras estábamos nosotras allí la puerta estaba entre
abierta no la cerramos, pero al abrir un momento la ventana para ventilar la
habitación de repente se cerró por completo la puerta con lo que eso conlleva,
nos dimos cuenta que es tan antigua esa puerta que nos quedamos atrapadas
dentro, mi madre intentando avisar con el móvil a mi padre, mi padre sordo no
se entera, y ahí mientras yo cogí un imperdible dorado posiblemente de oro o no pero
en ese momento ni lo pensé, empecé a rascar en la puerta, me importaba bien poco
romper la madera, pero ahí empecé a hacer de MacGyver, poco a poco llegaría a
mi destino abrir la puerta, mi madre desesperada diciendo ¿y si rompemos el
cristal? No el cristal si podemos es el último recurso, al final tras un rato,
conseguí abrir la puerta justo justo justo cuando abrían la de la entrada.



