
Me dispuse aquella tarde a no escuchar otra cosa que el sonido ambiente, y disfrutar de un paseo por aquella bella ciudad y tan enriquecida por tantas culturas que allí conviven. No podía ni imaginar lo que estaba por suceder, explicarlo no tiene mérito pero creo que es mi deber explicarlo, puede ser verdad o puede que no, eso queda en la imaginación o en la credibilidad de los acontecimientos que se expliquen a continuación, podría decir como en las películas, basado en hechos reales, y aún así, podrían resultar no creíbles, así que lo dejo a merced del lector.
Tras una vuelta relajada paseando, el lugar elegido aquella tarde era aquel restaurante dónde un día desayuné por casualidad con unos maravillosos amigos y nos reímos entre cortado y cortado sentados en una mesa.
Me senté, pedí una pizza vegetal (mi favorita), mientras la traían observé a mi alrededor, era un lugar muy agradable, creo que allí volveré y traeré amistades a comer o cenar, me parece un lugar acogedor. Mientras llegaba la pizza cogí del bolso el libro que escribió y publicó hace poco un amigo, seguí leyendo por la página que lo dejé hace unos días; de repente delante de mí, en la barra, un señor un poco alterado se escuchaba, alcé mi mirada y guardé el libro, observé que pasaba. El hombre quería tomar una copa más junto a su amigo (ambos eran italianos) se les veía personas correctas, las pintas eran de lo más normal, lo único que claro, era un restaurante, y no un bareto de los que van los del taller a tomarse sus quintos, sus medianas y sus sin fin de cervezas, nada hacía pensar que fueran a comportarse mal ni a emborracharse, ni armar jaleo, yo los vi correctos, simplemente dos amigos; a cualquier persona que está cómoda con su amigo charlando le fastidia que “le corten" el rollo, dos personas tomando algo no tienen porqué alterar el buen funcionamiento de un restaurante; pero las normas del lugar son las normas, y ellos mandan es su local, aunque el cliente también tiene su razón, no seamos más papistas que el papa, pero es así, a veces somos muy papas, y no toleramos ni el más mínimo movimiento en falso de otras personas, ni el más mínimo error, todo tiene que ser perfecto y correcto, (¿perfecto y correcto? Estoy segura que el mismo encargado que trató como un maleante a uno de los italianos, ha ido alguna vez a un restaurante y la a liado con risas con algún amigo, de hecho es que la pareja de italianos no estaba haciendo el más mínimo ruido hasta que le negaron una copa, en fín, ¿quién crea la situación desestabilizadora, el que pide una copa o el que la niega de malas maneras? Supongo que todo son las formas y el cómo uno recibe las palabras del otro, uno es responsable de lo que dice no de lo que la otra persona entiende, pero claro, si todos nos explicáramos un poquito mejor sin palabras agresivas el mundo iría de otra manera, cada cual que se apañe con lo que dice y cómo lo dice y si te vas cabreado pues vete así y no me importa lo que te dure (total que allí había tres personas moscas como monas).
Ante tal situación, el italiano más indignado por el trato y el corte de rollo, sacó sus gafas del bolsillo de la chaqueta, se las puso y le pidió al camarero la hoja de reclamación, mientras la rellenaba, el encargado estaba observando a distancia callado, un camarero se reía por lo bajini, y el resto de personas ni se inmutaban; el otro italiano no sabía que hacer, si irse para fuera y esperar o volver a que se tranquilizara su amigo, entonces decidí entre trozo de pizza y trozo de pizza llamarle un momento al amigo, —¿qué pasa?— Le pregunté amablemente, me explicó, y le dije, hacéis bien en escribir la reclamación, y me dijo: —¿española?, ¿entiendes el italiano?— le dije: —Sí lo entiendo más o menos pero no lo hablo— y me dijo entonces española española, y le dije —Sí —, y me dijo: —¡Bon Appetit! Gracias—, y me hizo el gesto de OK con la mano; y digo yo, ¿eso es un maleante borracho? En fín, son puntos de vista, todos respetables.
El caso, es que cuando entregaron la hoja de reclamación y hablaron un poco más relajadamente con el encargado, se marcharon y volvió a repetirme aquel hombre, —¡ Bon Appetit! Gracias. OK—.
Vi alterado aún al encargado, me vino y dijo: —¿le recojo ya el plato? ¿Ha acabado?— (cómo iba a acabar si quedaban tres trocitos geniales de pizza vegetal, y estaba riquísima, y aún media coca-cola…) —No gracias, aún no he acabado, ¿qué ha pasado, porqué, no podían tomar más copas los dos señores?— le pregunté, y me contestó —no queremos que se crean que esto es un bar, es un restaurante y queremos mantener nuestro ambiente tranquilo— y entonces le contesté: —no queréis que se apalanquen… pero de hecho estaban en la barra no en una mesa…—y me dijo: sí, pero siempre hay personas que te la lían si empiezan a beber más—; le dije: —¿qué es ese hombre un cliente habitual, ya te lo conoces de que en otro momento la haya liado?— A lo que me contestó: —Pues no, pero siempre entran a veces gente así—. Le dije bueno, no pasa nada, vosotros tenéis vuestras normas, pero el hombre también tenía derecho a reclamar, ¡tráeme un cortado!, —¿la leche caliente?— ¡No, mejor templada!
PD: Gracias, OK

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